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Cómo preparar un buen té

Categoria: Bebidas | Gourmet

“El sabor del té tiene un encanto sutil que le hace irresistible y particularmente apto para la idealización; por eso, los pensadores occidentales no han tardado en mezclar su aroma al perfume de su pensamiento.” Kakuzo Okakura.

Según el Diccionario de la Lengua Española, la palabra té tiene diversas acepciones. Mientras que una de ellas apunta a “arbusto del Extremo Oriente, de la familia de las Teáceas, que crece hasta cuatro metros de altura, con las hojas perennes, alternas, elípticas, puntiagudas, dentadas y coriáceas, de seis a ocho centímetros de largo y tres de ancho”, y que, además, “tiene flores blancas, axilares y con pedúnculo, y fruto capsular, globoso, con tres semillas negruzcas”; otra de ellas lo define como “hoja de este arbusto, seca, arrollada y tostada ligeramente. De igual forma, también se recoge “infusión de las hojas de este arbusto” o “reunión de personas que se celebra por la tarde y durante la cual se sirve un refrigerio del que forma parte el té”.Según estas definiciones podemos llegar a la conclusión de que con la palabra té podemos designar tanto a la planta en sí, como a sus hojas, la infusión producida al hervirlas y la reunión de personas para consumirla.

Un poco de historia
Según se ha podido constatar, la costumbre de utilizar las hojas de té para proporcionar un buen sabor al agua hervida, se utilizó por primera vez en China, hacia el 250 a.C. Existe una curiosa leyenda (que, como tal, no se puede saber cuánto de verdad tiene) que nos cuenta que, en el año 2737 a.C., el Emperador Sheng-Tun se disponía en un día de otoño a beber una taza de agua hervida, debido a que de esta forma disminuía el nivel de enfermedades contagiosas. Fue así como, al sentarse el emperador bajo un árbol de Camellia Thea, hacer un fuego y hervir el agua para su consumo, unas cuantas hojas cayeron en el agua hervida. El emperador percibió un aroma exquisito y de inmediato no resistió y probó aquel brebaje, encontrándolo excepcional. De esta forma comenzó el imparable consumo de té.
El té se da a conocer entre los europeos por primera vez en la India, cuando los portugueses llegan allí en 1497, ya que el uso de esta planta estaba muy extendido. El primer cargamento de té llega a Amsterdam (Holanda) aproximadamente hacia el año 1610, por iniciativa de la Compañía de las Indias Orientales. En Francia no se comienza a conocer esta nueva y exquisita bebida hasta 1635 ó 1636. En Inglaterra, el té llega a través de Holanda y de los cafeteros de Londres, que lo pusieron de moda hacia 1657, convirtiéndose desde entonces en uno de los grandes consumidores mundiales de esta infusión.
El consumo de té comienza a adquirir notoriedad en Europa entre los años 1720 y 1730, dando lugar a un intenso comercio de esta planta entre China y Europa. En esta época, de todos los países europeos, el que menos tasas de consumo tenía de té era España, seguido muy de cerca por Alemania, que prefería el café. Pero con el tiempo y con la perseverancia de los comerciantes europeos el té llego a todo el mundo, en un primer momento a las clases más pudientes y, posteriormente, a todos los estratos sociales.

Principales tipos de té
Existen cuatro tipos principales de té, pero con múltiples variedades, que dan lugar a más de 3.000 clases de té en todo el mundo. Estos son el té Blanco, el rojo, el verde y el negro.

El té blanco se obtiene por recolección de las yemas nuevas antes de que abran, las cuales se dejan marchitar para que se evapore la humedad y posteriormente se desecan. Su principal propiedad es la alta capacidad antioxidante, debido principalmente a la pronta recolección de las yemas.
Por otro lado, el té verde es una clase de té no fermentado que se elabora por recolección de la hoja, la cual se deja secar y seguidamente se le aplica un tratamiento térmico (cocción al vapor y secado al fuego), para de esta manera detener la fermentación de las enzimas y así evitar la descomposición de las hojas. Sus principales propiedades son las siguientes: – Magnífico complemento dietético debido a su alto contenido en xantinas (teína) y polifenoles.
- Disminución del colesterol y los triglicéridos.
- Protección contra la arterioesclerosis.
- Disminución del riesgo cardiovascular.
- Disminución de la grasa corporal.
- Regulación del nivel de insulina en sangre, ayudando en el tratamiento de la diabetes y la obesidad.
El té rojo es una clase de té semifermentado, encontrándose entre el té verde (no fermentado) y el té negro (fermentado). Se obtiene de las hojas del árbol Camelia Sinensis, a las cuales se les aplica un breve secado al aire libre, para después efectuar un secado más prolongado en una habitación cerrada, extendidos los brotes tiernos del arbusto. Sus principales propiedades son las siguientes:
- Propiedades antioxidantes.
- Protección del sistema cardiovascular.
- Beneficios en la prevención del cáncer.
- Óptimo para el tratamiento de la obesidad.
Por último, el té negro es una clase de té fermentado, con mayores propiedades aromáticas que el resto, debido a la fermentación de los polifenoles para dar numerosos compuestos aromáticos. Su proceso de elaboración consta de cuatro etapas bien diferenciadas: marchitamiento, enrollado, fermentación y secado. Sus principales propiedades son las siguientes:
- Su mayor proceso de fermentado le proporciona altas propiedades aromáticas.
- Ayuda a la relajación de los vasos sanguíneos.
- Ayuda a la no oxidación del colesterol "bueno".
- Propiedades protectoras del sistema cardiovascular.
- Prevención de las caries dentales.

Cómo preparar un buen té
El buen té, el verdadero, el exquisito, es el té que adquirimos en hojas, nunca el té en bolsitas, el cual, aun siendo mucho más cómodo de utilizar, pierde calidad, sabor y aroma.
El té de mayor calidad se compone de brotes y hojas enteros que muchas veces vienen enrollados, y es al hacer la infusión cuando las hojas se desenrollan, por lo que no se recomienda la utilización de filtros pequeños que no dejen expandirse a las hojas.
Las hojas de té deben ponerse en una tetera, que previamente se habrá calentado, mediante le simple procedimiento de echar agua caliente del grifo, volviendo después a vaciar la tetera. A continuación se podrá el agua a calentar en un cazo, la cual se deberá retirar justo antes de que comience a hervir, a excepción del té negro, en cuyo caso se debe dejar hervir el agua. El agua caliente se vierte por encima de las hojas en la tetera, dejándolas en infusión entre tres y cinco minutos, dependiendo del tipo de té. A este tiempo se le llama “tiempo de infusión”.
Después del tiempo de infusión deseado se retiran las hojas con el filtro para que el té no quede demasiado fuerte. Una vez transcurrido el tiempo de infusión, se sacan las hojas de la tetera y dejamos reposar un momento, removemos y servimos.

8 July 2007 @ 4:15
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